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Taza de té con galletas junto a un portátil

Taller de cookies… digitales (parte I)

A continuación os presentamos un post totalmente distinto a los habituales, de la mano del diseñador de nuestra web Javier Casado. Javier colaborará de vez en cuando en nuestro blog para contarnos cosas frikies de informático ;P (sobre cómo se hizo nuestra página, por ejemplo, o dándonos consejos útiles para la pequeña empresa), y debuta con esta entrada sobre cookies, la primera de una serie donde nos descubre la inutilidad del 99% de los mensajitos de este tipo que hay en Internet (¡y del cual nosotros no hemos querido formar parte!).


En 30 de marzo de 2012 se introdujo por Decreto-ley una modificación en el artículo que rige los servicios de la sociedad de la información y el comercio electrónico (el artículo 22 de la Ley 34/2002 del 11 de julio, concretamente), que incorporó una serie de directivas europeas en materia de protección de datos y que popularmente pasó a la posteridad como la llamada Ley de Cookies.

¿Pero qué es la Ley de Cookies y en qué nos afecta? Al visitar cualquier página web podemos comprobar que nada más entrar en ella nos aparece un mensaje en la parte superior o inferior de la ventana con un texto más o menos estándar (“Usamos cookies propias y de terceros para mejorar la calidad de nuestros servicios. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies”), y que sólo nos podemos quitar de en medio si pulsamos el botón “Aceptar” o “Cerrar” que lo acompaña. Pues bien, este recuadro tan pelma que aparece todo el rato en Internet es una consecuencia directa de la Ley de Cookies, y supuestamente pretende proteger nuestra privacidad de las intrusivas garras de la red de redes.

Página de inicio de El País

¿Y por qué decimos “supuestamente”? Pues bien, la Ley de Cookies está diseñada para que los usuarios tengamos la opción de permitir o prohibir a una página web la descarga de información en nuestro equipo, siempre y cuando esta información pueda afectar a nuestra privacidad. Esto es, si una página web que estamos visitando desea descargar un archivo de información en nuestro ordenador (o en nuestro móvil, tablet, etc.) para poder leerlo posteriormente y de esta forma saber algo más sobre nosotros, debemos de tener la opción de podérselo impedir o consentir. Estos archivos de información reciben el nombre de cookies, y no siempre sirven para investigarnos, las hay también con otras finalidades. En nuestra política de cookies tenemos una definición más completa sobre lo que es una cookie y los posibles usos que puede llegar a tener.

Para poder aceptar o rechazar la instalación de una cookie en nuestro ordenador (en nuestro navegador web, concretamente) al visitar una página, ésta te lo tiene que proponer de alguna forma, y es aquí donde entran en juego los millones de mensajes inferiores o superiores que pueblan todas las páginas de la red, y que hemos comentado anteriormente. Pero… un momento, ¿dónde está la posibilidad de elegir? Vemos el botón “X” para quitar el mensaje, ¿pero dónde está la opción de aceptar o rechazar las cookies mediante el botón correspondiente?

Detalle del mensaje de cookies de El País

He aquí el primer fallo de implementación de la Ley de Cookies, y es que la mayoría de las páginas web españolas no muestran una disyuntiva, sino una afirmación: “oye, nosotros descargamos cookies en tu ordenador, si continúas navegando es que las aceptas”. Esto, que por alguna razón está ampliamente consentido en Internet y que utilizan tanto páginas de bancos como grandes empresas o medios de comunicación (e incluso organismos públicos oficiales como la Audiencia Nacional), incumple de manera sistemática la Ley de Cookies en un aspecto fundamental, ya que:

  1. Descargan siempre sus cookies en nuestro ordenador, antes incluso de que podamos ver el mensaje y, por tanto, saber más sobre ellas y conceder nuestro consentimiento.
  2. Si una vez visto el mensaje no estamos de acuerdo con su uso y decidimos optar por el camino alternativo a la aceptación (que no es otro que dejar de navegar por la página y abandonarla), las cookies continuarán instaladas en nuestro navegador y deberemos eliminarlas de manera manual. Es decir, aún sin estar de acuerdo con ellas y siguiendo el camino indicado por la página para rechazarlas, continuaremos teniéndolas en nuestro dispositivo del mismo modo que si las hubiéramos aceptado.

Además, en este tipo de mensaje se da la paradoja de que el mismo texto incluye un enlace para poder consultar toda la información sobre las cookies de la web, y al pinchar sobre él “seguiríamos navegando por la página”, es decir, estaríamos dando nuestro consentimiento a las mismas sin saber ni siquiera en qué consisten.

Detalle del texto del enlace del mensaje de cookies de El País

Como puedes ver, tenemos una Internet repleta de molestos mensajes que encima no valen para nada, pues no resuelven la cuestión por la que surgieron. Y el perjuicio es doble, ya que además de empeorar nuestra experiencia de uso con las páginas, no permiten evitar las posibles sanciones que la Agencia Española de Protección de Datos podría imponer a los titulares de las mismas (¡con multas de hasta 150.000€!).

En los siguientes posts te explicaremos cómo afrontamos ésta y otras cuestiones de la Ley de Cookies en la web de nuestro local para cumplirla de la mejor forma posible, y te enseñaremos a detectar y gestionar fácilmente las cookies que descargan los sitios web en nuestros dispositivos electrónicos.

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